Dulcito e Coco, Motherhood

Cada bebé es único… y cada mamá también

Antes de tener en mis manos esa prueba que pintaba dos rayitas azules jamás en la vida había pensado en cómo sería ser mamá, en qué comía un bebé, o cuánto era normal que hiciera del baño al día, y fue sólo hasta que tuve a Fede en mis brazos que me di cuenta realmente lo que era ser mamá.

Sólo llevo 15 meses ejerciendo este oficio, todo es nuevo, y cada día trae consigo una nueva misión que cumplir. Es una experiencia para la que no te preparas con antelación, ocurre de un instante a otro, y lleva toda la vida aprender cada cosa, y estoy segura de que jamás te haces experta.

Cuando crees que ya tienes algo dominado te cambian el plan, y entonces hay que empezar de nuevo y todo se convierte en un aprendizaje constante.

No tengo idea cuál es el mejor método de enseñanza para lograr un desarrollo psicomotriz o cognitivo en los niños, pero lo que sí sé o al menos observo y percibo es el proceso de aprendizaje de mi hijo, por eso todos lo días sorteo qué es lo mejor para él, desde la observación y la percepción de quién es, qué quiere o qué necesita.

Sin embargo, cuando Fede tenía más o menos 7 meses empecé a preocuparme, preguntarme, cuestionarme acerca de qué debía hacer en ese momento para que Él aprendiera lo que todos los niños deben aprender según su edad “serán los animales, las partes del cuerpo, los sonidos, los colores” pensaba angustiada, sin saber ni por dónde empezar y entonces hice lo peor que como mamá podía hacer: Compararme! Qué estaba haciendo mal yo que Federico todavía no sabía hacer como la vaca, el perro, o el gato? Y me estresé, me volví intensa con las cuentas en IG, los talleres virtuales, google, los libros, y al final no resolví nada.

De pronto, cuando por fin respiré y volví a observar a Fede me di cuenta de que ya tenía 8 dientes, 4 muelas, caminaba, decía mamá, papá, agua, balón, comía súper bien, y que además era un niño feliz.

Y entonces entendí que eso que le estaba funcionando a otras mamás no tenía nada que ver conmigo, ni con Fede, porque él era un bebé único, y como mamá, yo también.

Por eso abandoné la lucha de los animales y me centré en él, en verlo disfrutar la vida, y en aprender directamente de él y con él, en nuestro propio proceso de aprendizaje.

Sigo inventando otras actividades, con paciencia, persistencia y mucho amor, pero entendí que el ritmo lo marcamos juntos, pero lo determina él, porque al final, cada bebé es único y cada mamá también!

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